miércoles, 25 de abril de 2012

LA VIDA LOCA

El documental “La Vida Loca” dirigido por Christian Poveda, no es una película violenta, pero al verla se percibe una carga enorme de violencia que sofoca y produce angustia. No se ven armas ni hay escenas al estilo Hollywood de persecuciones entre buenos y malos. Pero si hay un rosario de muertes, una detrás de otra, como un acontecimiento esperado, en el que los personajes saben que es difícil que ese día no llegue, lo que no saben es cuándo. Es un documental duro que nos muestra con crudeza lo que está sucediendo a nuestro alrededor.
La producción se desarrolla en El Salvador, específicamente en la colonia La Campanera, en Soyapango y retrata a la Mara 18, caracterizada por su leguaje propio, tatuajes y códigos, por su agresividad, violencia y criminalidad. Su inicio es en un funeral, es un presagio de lo que sucede a lo largo de todo el largometraje. El director muestra el día a día de los que viven dentro de la mara y su entorno. En el fondo no es otra cosa si no grupos de niños y jóvenes que han encontrado en la mara lo que ni sus familias ni la sociedad pueden brindarles.
Los personajes son un puñado de “héroes” y sus compañeros de vida, desafortunados si se les quiere llamar así. Algunos llegan a encontrar la paz a través de la religión y otros van directo a la mesa de piedra o de metal de la morgue. Algunos corren con suerte y terminan en las hacinadas cárceles, donde acaban de perfeccionares en las destrezas criminales.
Para hacer un recorrido por los principales personajes, inicio con El Bambam, llamado así por su parecido con el hijo de los Picapiedra, el Tatuador, con 5 años de cárcel. Vive entre el presidio y la libertad condicional y en su foja hay  tres hijos de tres mujeres distintas, el último de 4 meses, al momento está recluido. El Bodoque, de 21, deja el colegio a los 11 y entra a la pandilla a los 14. Admite frente a la cámara, “no sé si me moriré hoy o mañana”, justamente en pocos meses es acribillado por la mara rival. Little Scrappy, 17, abandonado por el papá a los 6, criado solamente por la mamá. Entra a la pandilla para pasarla bien y sabe que su futuro es la muerte. Muere tiroteado por dos policías, también estaba armado. Su hijo nace después de su muerte. Psycho, ya de 26, sólo estudia la primaria, busca en la mara que alguien le dé una mano. Tiene el record de nunca haber estado en la cárcel. Su objetivo: sobrevivir. “Las” personajes son muchas pero entre las que sobresalen está la Chucky, 19 años y madre de dos hijas, tatuadísima, con un gran 18 en la frente. Entra a la clica para “pasarla bien”. Encarcelada a los 14, se hace pasar por mayor de edad para estar con su amiga. No desea para su hija la vida que ha tenido. La Liro, muy tatuada, el 18 de la frente la condena a muerte fuera de su calle. Madre de un hijo de Bambam, dice que si su hijo entra a la pandilla será por decisión propia. Su esperanza: ser reconocida como ser humano. La Wizard, 27 años, su hermano no permitió que entrara en la Salvatrucha y terminó en la 18. Admite que falló en su intento de suicidarse. Recién salió de prisión. Sobrevive con 5 tiros en la cabeza.
Todos ellos saben que “tarde o temprano, tu destino es el hospital, la cárcel o un cajón de madera”. Se trata de una verdadera sociedad de adolescentes y adultos jóvenes que siguen las reglas de la pandilla, sus leyes, y su moral.
Las pandillas son el refugio para niños y adolescentes de los que no encuentran en ningún lugar, un sentimiento de seguridad. Los pandilleros no piden caridad, ni asistencia,  lo que parecen gritar reclamando es el derecho a vivir dignamente.

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