Salomón transmite gran tranquilidad y paz al verle sentado en su sillón preferido, con la mirada en el horizonte. Los años invertidos en su preparación académica y para la vida han rendido sus frutos. La buena relación con sus hijos se deja ver a través de las risas de sus nietos que juegan a su alrededor, mientras tanto, él piensa en las conclusiones para el informe final que debe entregar sobre la última asesoría que le fue encomendada.
Él con un café y yo con un té, tuvimos la oportunidad de conversar varias horas sobre lo que han cambiado las cosas desde que nos conocimos en las aulas del COSEDE. Recordé inmediatamente la mirada cálida y sincera con la que me saludó en ese entonces, cuando para mí era el Coronel Barrera Aguilar.
Si ser feliz y gozar de su familia eran sus objetivos de vida diez años atrás, allá en el 2012, yo soy testigo que ya fueron alcanzados. Pero aún hay más, al mejor estilo de Siempre en Domingo, me da alegría ver que ahora Salomón tiene nuevos objetivos para los que se está preparando.
Salomón ha sabido, no sólo conservar, sino hacer crecer sus puntos fuertes, que son muchos. La tranquilidad interior que sólo se obtiene al estar en paz con Dios y consigo mismo es contagiosa. Teniendo esa cualidad es más fácil tener muchas más, como la de disfrutar tanto de su trabajo y hacerlo con el profesionalismo que le caracteriza. Hay muchos buenos atributos que lo distinguen, si se me pide que diga solamente uno, escogería su deseo de superación, que es en buena parte la fuerza que lo ha llevado hasta el lugar en el que se encuentra ahora.
Su rodilla le ha dado verdaderos dolores de cabeza, el largo padecimiento le ha hecho buscar distintas soluciones y parece que el tratamiento actual está dando mejores resultados; a pesar de ello no ha dejado de disfrutar del tiro al blanco, uno de sus pasatiempos favoritos. En este momento la confianza está puesta en la ciencia médica y en su perseverancia para seguir con la terapia. Es de aprovechar para mencionar que la perseverancia también se encuentra del lado de sus rasgos notables.
Entre sorbo y sorbo también hablamos del conflicto armado, recordando épocas pasadas. Se me grabaron sus palabras cuando decía que ahora la guerra era de otra índole y que probablemente las atrocidades que hoy se cometen superan a las que se vivieron en esos años.
También hablamos de las metas y retos que tenía en su mente ese año que compartimos banca en el curso de Altos Estudios, todos ellos fueron alcanzados; obtuvo la maestría con altas notas, completó un año más de su carrera universitaria y como si fuera poco, sus méritos hicieron que lograra un nuevo ascenso en su vida militar.
Para entonces las tazas estaban vacías, pero el deseo de conversar continuaba.
Los niños seguían jugando y riendo despreocupados. Se sentían confiados por la presencia del abuelo Salomón.
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